En el Paseo Pereda de Santander hay un punto de parada obligado para los pequeños: el Tiovivo “Belle Epoque” que está allí de fijo y que hace las delicias de los niños.

ORIGENES DEL TIOVIVO.

En sus inicios era una aparato muy sencillo, consistente en una recia viga vertical rematada en un eje, y en dos tablas iguales puestas en cruz que giraban sobre él y de cuyos extremos pendían sendos caballitos de cartón. Los pequeños jinetes trataban de introducir un palito en una anilla, que pendía de un poste o que sostenía en dueño del aparato, cada vez que el giro les aproximaba a la misma.

La atracción infantil fue conocida con los nombres de los caballitos o tiovivo. El vocablo tiene tiene origen en 1812 cuando un madrileño llamado Esteban Fernández  se ganaba la vida con unos caballitos instalados en lo que hoy es el paseo de las Delicias. El 16 de julio de 1834, Esteban falleció de cólera, pero cuando era trasladado al cementerio saltó del ataúd gritando: ¡Estoy vivo! ¡Estoy vivo! Desde entonces, su aparato de caballitos tomo el nombre de los caballitos del Tío Vivo.

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